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299"Hola de nuevo".
Los jabalíes siguen gruñendo alegremente entre los desechos urbanos.
Te acercas a tu doble. Un rastro delgado de baba oscurece la tela.
"La más solitaria... de las ciudades...".
"Ya se lo dije, señorita. No puede pasar por aquí. Busque otra entrada". Te aleja con un gesto.
Regresas a las fotografías enmarcadas.
El contenedor sigue rebozado de basura.
Más adelante, el zumbido eléctrico y el traqueteo rítmico de una estación de teleférico.
Regresas al sistema neumático colapsado.
Con el uniforme de carabineer puesto, recuerdas a Vespar con su... capa ondeando como humo bajo las luces tenues, y sus botas raspando los…
Te ignora, cautivado por la mujer de arriba.
La chica de la postal aún quiere que te unas a su club de fans.
No hay nada que hacer aquí.
Más adelante, el zumbido eléctrico y el traqueteo rítmico de una estación de teleférico.
Regresas a una de las antiguas bancas de la ciudad. Te da la bienvenida.
"Saludos, heroína".
Diversas cajas de cargamento esperan, adornadas con tenues marcas de tiza y etiquetas amarillas brillantes.
Regresas al escritorio. Todo está en donde lo habías dejado, incluyendo la cajetilla de Suprema 100s.
La rocola vandalizada sigue donde la dejaste, y se ve un poco más deteriorada en tu segunda visita.
"Volviste". Te echa un ojo con cautela.
Regresas al calentador.
Mira fijamente hacia adelante, intentando ignorar a PSEUDÓPODO. Se ve extremadamente incómodo.
Vuelves a sacar la bomba.
La niña está demasiado ocupada jugueteando con su sedal como para prestarte atención.
Los ojos del hombre están cerrados. Está completamente quieto.
El árbol ya cumplió su función. Llegó la hora de que tú cumplas con la tuya.
Regresas a la escalera.
"Creo que esto de verdad te gustaría. Tienes el tipo".
"Regresaste, Hershel".
Te espera la sangrienta obra épica de H. S. Lastra.
Con una torpe reverencia, te acercas de nuevo al santuario.
Voltea hacia ti en cámara lenta y ligeramente.
El trozo de carne que extrajiste de la cabeza de HOLOCENO se agita en el misterioso líquido rojo.
"Regresaste".
El altar está inquietantemente silencioso.
El contenedor está vacío.
Entras a la cabina y pones el altavoz contra tu oreja.
"Operaria. Algo grande está sucediendo, ¿verdad?".
La caja mágica canturrea su melodía secreta. En un sótano oscuro de Novessa, tu controladora responde.
El elegante receptor se mantiene firme.
El tuk-tuk de limpieza, con sus burbujas de jabón y sus secretos, parece ahora casi prestigioso.
"Todos duermen plácidamente aquí, CASCADA... ¿qué me dices de los frenos? ¿Tuviste suerte?".
El tablero de avisos del edificio se encuentra en un área comunal, está lleno de anuncios y retazos de la vida diaria.
Todo es una cuestión de milisegundos. Un golpe directo a tu codo, la linterna se aleja volando de tu mano...
"Hola de nuevo". La correctora te sonríe con el lado izquierdo de la boca.
"¿Ssííí?", de nuevo, suena la voz pesada y dominante de Azzurri.
"Gracias de nuevo por expulsar a los invasores. No lo olvidaré". Asiente y luego desvía la mirada.
Te acercas una vez más a las estanterías B y C.
Una página escrita a máquina yace boca arriba, en lo más alto de una pila de archivos de formato similar. La portada reza: Testimonio de…
Ultra Violet sigue congelada a media canción, atrapada en la brillante proyección. Su música suena en algún lugar detrás de ti.