Habla en
299"Como sospechaba, mis fuentes están muy satisfechas con tu trabajo. Bien hecho, Hershel. Es un honor volver a trabajar contigo".
El ruido extraño proviene de una impresora con un trozo de papel atascado entre sus labios. Reconoces la marca: "Sonatina".
La máquina sigue apestando a orina. Las bebidas brillan en su interior.
"Vete al carajo, Coño Feroz".
El teclado morado brillante está tal y como lo dejaste.
"¿Ssííí?", de nuevo, suena la voz pesada y dominante de Azzurri.
Mira el suelo a tu alrededor.
GUÍA WANG DE ARMAS DE FUEGO IMPROVISADAS, VOL. 2.
La escalera te llama.
"Vaya... una auténtica maga de la liquidez...".
"Estoy bien, Hersh... Viviré".
"Adiós".
Las cajas de cartón abandonadas siguen en la esquina del pequeño apartamento.
"Aquí de nuevo".
Ya reparaste un tren a escala y fabricaste un arma improvisada aquí. No tienes más que hacer en la mesa de trabajo.
"Hace frío afuera". La chica encoge los hombros y da un pisotón suave.
Ya no hay nada que hacer aquí.
"No funcionó, ¿verdad?".
"Hola, lapinette".
"Hola de nuevo. Aún no vamos a partir, lo lamento". Le da una calada a su pipa.
"...". Su expresión de idiota no ha cambiado.
"Tú. Otra vez". Comienza a taconear el piso.
Vuelves a asomarte al santuario y a examinar su congregación de retratos.
El paquete de raciones cruje cuando le das la vuelta.
Ella no te contesta la mirada.
La tubería sobresale del cemento como si fuera la raíz de un árbol.
"CASCADA". Asiente de la forma más breve. "Estuve jugando al espía conmigo mismo sin descanso. Hasta el momento es un empate, pero estoy…
Vuelves al buzón.
"...".
El teléfono espera tu mano.
"Mi agente de la fortuna regresa. Feliz Dante".
Unas pequeñas figuras corren por la pantalla, pasándose la pelota de ball.
Estabas ahí, de pie, en medio de una fiesta en una casa, cuando viste la inigualable silueta de Tempo del Sur caminando por las azoteas…
El toque personal, en lo que por lo demás es una clínica aburrida y monótona, del muro cubierto de fotos y documentos son evidencia de la…
El sol incinera lo último de la niebla matutina. El día está despejado. La gente de Quisach sigue su rutina diaria.
La pestaña de papel rosa no es más grande que una uña. Uno de los lados está decorado con un dibujo simple de un gallo.
La cama te invita a disfrutar de un sueño reparador.
En el suelo hay una hoja de papel grueso, doblada por la mitad y parcialmente cubierta por la sombra.
"La hoja se desafila y tambalea la mano. La gran CASCADA hace su aparición, por fin".
La puerta metálica de la clínica está cubierta de óxido y rodeada de grafitis. A la derecha hay un letrero que parece oficial.
La silla espera frente a ti, desvencijada y melancólica.
"¿Viste algo interesante en la cabaña de allá?". Te sonríe.
"Deberías moverte, CASCADA".
Cualquier luz que se haya colado desde arriba ya casi se agota.
Abres el postigo desde dentro y sales a Portofiro.
Te vuelves a meter al túnel, hasta donde estabas antes, donde empieza a estrecharse.
El familiar timbre de Renotel llega a tus oídos.
La unidad de control permanece inactiva, con las luces atenuadas hasta convertirse en un resplandor cansado.
Al presionar el botón del intercomunicador, una pequeña luz se enciende.
"Estoy aquí para apoyarte, agente comercial. ¿Qué necesitas?".