Rama
La puerta metálica de la clínica está cubierta de óxido y rodeada de grafitis. A la derecha hay un letrero que parece oficial.
Rama
Revisa el letrero.
ABIERTO DURANTE LA NOCHE. NO TOCAR. EL PRÓXIMO ANIMAL QUE SANGRE EN ESTA PUERTA SERÁ SEDADO A TRAVÉS DEL OJO.
Rama
Mira el grafiti.
Garabateado de forma horrible, con letras espantosas: "fraude", "carnicero", "Gonza me debe un diente", "cobra por gritar". Y un dibujo vulgar de un médico aparentemente cogiendo con una pierna.
Rama
Estudia la puerta.
Marco deformado, acero barato, bisagras oxidadas como dientes viejos. Sin reforzar.
Podrïamos tirarla de una patada, pero harïa mucho ruido y serïa un desastre.
Rama
¿Y la cerradura? ¿Se podrá forzar?
Es endeble, como la puerta. Sería fácil, si tuvieras una ganzúa.
Fuerza la cerradura.
Fin de esta rama
Fuerza la cerradura.
Los pasadores bailan para ti. Una presión casi arrogante, una tensión contenida como una calada a un cigarrillo. Clic.
Sin chirridos. Sin protestas. Solo el suave chasquido del metal cediendo ante una mujer que ya había hecho esto antes.
Rama
Fin de esta rama
Te mueves con cuidado. Tu memoria muscular está muy entrenada. Pero tu ganzúa se atora, una y otra vez, en la misma ranura podrida. La puerta sigue cerrada.
Rama
Vete.
Regresas hacia el ruido del Callejón Festivo.