Rama
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Regresas a una de las antiguas bancas de la ciudad. Te da la bienvenida.
Rama
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Toma asiento de nuevo. (Descansas un rato).
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Se vence un poco bajo tu peso.
La primera banca especial de la operaria CASCADA. Registrada: a los 14 años de edad. Ubicación: Landau, capital de la Sacra y Democrática República de Mircea.
¿Qué tiene esta de especial?
Una losa de mármol y cedro, fresca incluso en verano. El punto perfecto para enrollar cigarros a mano y devorar con la vista novelas gráficas pervertidas.
Las patrullas de Milites Sacrarii, vestidas con sus sobrepellices blancas, casi nunca notan tu presencia cuando estás ahí. Una lección temprana en tu arte.
Oculta bajo la sombra de la basílica de Santa Erentudris, a tres calles de distancia y cinco años antes de tu cita con una bala.
No quería estar en casa, ¿verdad?
Tu mamá se habría ido a otro viaje misterioso de varias semanas. O te habría pedido que cumplieras con estándares por arriba de tu alcance.
Logrämos embonar todas las piëzas unos cuantos años mäs tarde. Al husmear en su escritörio y hallar montönes de pasaportes, todos con distintos nombres.
Después de un rato, regresas al presente. Tus extremidades ya no se sienten tan pesadas. A base de amabilidad, Portofiro te conmina a moverte a su ritmo.
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Fin de esta rama
Pervertidas. Suena a las cosas que me gustan.
Colecciones de ficción cruda en blanco y negro, impresas y engrapadas juntas en imprentas clandestinas. Aventuras en el espacio, sexo, violencia... material de contrabando de primera.
Como un catalejo a mundos más desastrosos y escandalosos, a la vez que brillantes. Quizás nunca habrías salido de Mircea si no hubiera sido por ellas.
Ahora mismo, necesito silencio. (Haz a un lado ese recuerdo).
Transcurre una hora... los minutos, nada memorables, ni angustiantes, ni fugaces.
Al final, te pones de pie, con las piernas más ligeras que antes. Portofiro te conmina a volver a moverte a su ritmo.
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Te sientas y la banca te da la bienvenida con un crujido.
A medida que pasan los minutos, notas que llevas un rato escaneando los alrededores. Postes de luz, basureros, macetas...
¿Qué estoy buscando?
Micrófonos. Te obligas a recordar una y otra vez que estás en Portofiro, no en Novessa.
Novessa se extiende bajo un cielo plomizo implacable. De los hornos de Obrekh se elevan columnas de humo. Grifos de piedra vigilan la plaza Kalandar. Los rieles del tren recorren losas oscuras y torres decoradas de bermellón. Las calles, abarrotadas de gente... un vitral infinito, lleno de sonido, de colores índigo, carbón y carmesí.
Extrañas todo eso profundamente... por un momento. O, quizás, extrañas verte perdida entre todo eso.
Después de una hora de estar inmersa en tus pensamientos, el ajetreo de Portofiro te regresa al aquí y ahora. Lentamente, te pones de pie. Al menos pudiste descansar las piernas.
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OCHENTA Y DOS DE LOS OCHENTA Y TRES CONSEJOS VECINALES VOTARON A FAVOR DE IMPLEMENTAR MEDIDAS DE SEGURIDAD EN TODA LA CIUDAD. EL COMITÉ CENTRAL A DURAS PENAS APROBÓ LA PROPUESTA.
Transcurre una hora de minutos nada memorables. El ajetreo de Portofiro suena en el fondo. Al final, te levantas poco a poco, pero al menos pudiste descansar un rato.
Rama
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Déjalo así. (Haz a un lado el pensamiento).
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Te quedas otro rato en paz... un pequeño ritual de autocuidado. Por un momento, la ciudad no te pide nada. El tiempo simplemente transcurre a su paso.
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Tus partes interconectadas se sueltan un poco, casi se funden con la banca, hasta que te llega la sensación de que te volviste una con la madera.
Al poco rato, te pones de pie sintiéndote menos cansada que antes.
Tus partes interconectadas se sueltan un poco, casi se funden con la banca, hasta que te llega la sensación…La gente va y viene a la distancia, los teleféricos suenan en lo alto, pero a ti, lo único que te importa, es…Rama 55Aunque nos encänte vivir con la energïa al mäximo, tambiën apreciamos los ratos de descänso, cömpañera.
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La gente va y viene a la distancia, los teleféricos suenan en lo alto, pero a ti, lo único que te importa, es que tu columna vertebral parece sentirse aliviada.
Rama
Aunque nos encänte vivir con la energïa al mäximo, tambiën apreciamos los ratos de descänso, cömpañera.
Se te ocurre que podrías descansar aquí, pero no puedes justificar una pausa más en tan poco tiempo. Te volteas en dirección a la ciudad.
Toma asiento en la banca. (Descansas un rato).
Tal vez después. [Sigues tu camino].
Te alejas de la banca. El descanso tendrá que esperar.
Una vieja banca se inclina ante ti. Sus tablas están torcidas y llenas de marcas.
Marcas que merecen ser veneradas por haber recibido a tanta gente a lo largo de los años.