Rama
Rama
Ahí están todos, justo donde los dejaste.
Feliz cumpleaños a mí.
Rama
Ningún letrero con tu nombre, nada de sombreros graciosos ni pastel. Una masa de caras apiladas en la esquina del Espejo Turbio, tú conocías a todos pero ellos no se conocían.
Tu situación humana.
Rama
Duele volver a verlos a todos.
Y sin embargo todos están sonriendo, sin saber.
Tenemos a Tempo. Dejó la bebida y quiere que todos lo sepan, con tan solo un refresco y un limón sigue siendo el más ruidoso y agresivo.
Extremo izquierdo. Un cuerpo destinado a la violencia. Una cabeza deslumbrante, afeitada cada mañana.
No sé si logró dejar la bebida...
La gente como Tempo se pasa la vida diciendo que el diablo está en la botella, hasta que la dejan, y se dan cuenta de que lo traen dentro de ellos.
¿Qué más?
Junto a ti está Ramsés, que guarda un cálido silencio. Asiente, quién sabe si es en respuesta a la música o a la conversación. Karolina revuelve su bebida, un gin que imaginó que a ti te gustaría.
No hablaban entre ellos, pero ella siempre buscaba su presencia, como un animal busca un edificio abandonado.
K...
Flequillo negro y una bufanda en la que su cara parecía desvanecerse. Lo inocente de su sonrisa era evidencia de su juventud.
Ramsés fuma en espacios cerrados a pesar de las leyes y modales. Resulta que Karolina te trajo un regalo.
Un par de pines para zapatos, con forma de globos oculares.
Dice que le recuerdan a ti.
Y ahora te recuerdan a ella.
Rama
De hecho, aún los tienes. En tus pies. Ahorita mismo.
Del otro lado, Vespar se desaparece y vuelve con dos vasos de schnapps en cada recorrido. Dice que el segundo es su póliza de seguro.
¿Seguro contra qué?
La sobriedad.
Chamarra de cuero, bigote y corte militar. Una cara que oscilaba entre la inocencia y la perversión dependiendo del entorno, en un abrir y cerrar de ojos.
Apenas había llegado, pero Eszti tenía cara de que se quería ir. El hecho de que llegó, ya es una muestra de respeto.
Mayor que los demás por mínimo diez años. Ojos pequeños en un cuerpo aún más pequeño, observando desde su esquina con su frío intelecto.
Hasta la fecha tienes sentimientos complicados cuando la ves.
Ella y yo nunca congeniamos.
Nadie dijo que era necesario congeniar; bastaba con trabajar juntas.
HOLOCENO fue el último en llegar, pensando que solo iban a ser ustedes dos. Se puso pálido cuando vio a todos, reunidos en el mismo lugar.
Tu doble. Juntos crearon el grupo desde cero, pero él nunca se pasaba del límite profesional como tú solías hacerlo.
Tus falacias sentimentales le aborrecían, y amenazaba con reportarte con tu controlador.
Pero no lo hizo.
Sabes que eran amenazas vacías. Incluso en aquel entonces su desconfianza en la Ópera ya tomaba formas más oscuras.
Y luego alguien se ofreció a tomarnos una foto.
La última prioridad de una red de inteligencia.
Pero hay quienes lo hacen, los eternos y los condenados.
Fue un lapso temporal de locura.
Un gesto innecesario, un error voluntario, una ola inexplicable de camaradería.
Guardas la foto.
Desaparece de vuelta en tu bolsillo.
Rama
Fin de esta rama
Nos la pasamos bien.
Por alguna razón, aun sabiendo lo que pasó después, el permitirte recordar se siente bien.
Yo solo pensé que sería lindo reunir a todos, aunque sea una vez.
Un pequeño recuerdo contra la eternidad.
Melita me hubiera criticado, pero está bien, no sería la primera vez.
Comparado con lo que sigue después, esta pequeña reunión es casi justificable.
Era un paranoico. Inteligente, pero paranoico.
Quizá percibió lo que pasaría, o ya había identificado el patrón a partir de los puntos aislados.
Tenía pasión, lo admitiré.
Siendo honesta, odiaba su actitud.
Pero era admirable como siempre cumplía con su parte de manera consistente.
Él era una póliza de seguro. Su papel era mantener a los carabineers lejos.
Aunque al final no cambió el resultado.
Me gustaba demasiado, considerando que era un policía.
Odiaba a los policías mucho más que tú. Incluyéndose a sí mismo.
Pero no cualquier policía. Un carabineer, uno de los mejores del departamento de investigaciones.
De hecho, aún los tienes.
Fue incomodo, no tenía por qué molestarse.
Absolutamente innecesario, por eso el regalo se sintió sincero.
Ramsés...
Una barba abundante, con canas prematuras. Los ojos irritados, en la rara ocasión que se quitaba los lentes de sol, incluso a medianoche.
Sigues viendo.
Probablemente no debiste traerlo a un bar.
Nuestros enemigos pudieron haber estado actuando en nuestra contra en ese mismo momento.
Todas esas sonrisas, sin saber que pendían de un hilo sobre el abismo.
Solo un operario y sus antiguos agentes.
Así te comportabas cuando lo apostabas todo.
¿Entonces por quë todo duele?
Esa noche no tenía nada de especial. En retrospectiva, cualquier cosa cobra significado.
De cualquier manera, fue algo que nunca se repitió.
Y de acuerdo con los estándares de la escenotecnia, nunca debió haber pasado una primera vez.
Guardas la foto.
Rama
Sostienes la foto en tus manos. Detrás de las manchas y los dobleces, siete figuras se distinguen, debajo de las tenues luces de un bar.
Tu banda, Escuadrón Depravado, reunida en esa única noche. En el centro, tú, la líder y cumpleañera.
No era tu cumpleaños de verdad, pero dijiste que lo era.
Ahí estamos.
Ahí están, juntos. Por única vez.
Pero para ellos quizá lo fue.
Una mentira más a la pila de mentiras.
Solo quería una excusa.
De momento prefiero no pensar en mi cumpleaños. (Guardas la foto).