Rama
Rama
Rama
La pista da vueltas y vueltas sin fin. No puedes escapar a su lógica, así que más vale que la aceptes.
Agacha la cabeza; un pie delante del otro.
"Mírenla irse", dicen. Ya nada puede detenerla.
Rama
Fin de esta rama
No hay espacios suficientes.
Rama
Corre gritando hacia las gradas.
Lo único que te espera es una toalla fría y húmeda y unas palabras de consuelo poco sinceras.
¡Hark! ¿Las ves?
¿Ver qué?
Las duras realidades que te observan desde la banca. Tribunas frías, sumergidas en un silencio incómodo, humanos predecibles.
No se distinguen rostros, solo siluetas borrosas.
Estómago. Opresión.
¿Por qué se ven así sus rostros?
Te animan, te vitorean. Esos son sus rostros de ánimo.
Por favor, haz que se detengan.
Una vez que empiezan a animar, nada puede detenerlos. Los impulsa algo muy potente...
El recuerdo de los días de gloria. El empalagoso placer de contemplar a una atleta acabada arrastrarse una vez más por la pista.
No estoy acabada, tengo experiencia acumulada.
Sus vítores se convierten en un rugido incontenible. Las duras realidades nunca han visto a alguien como tú, y nunca más lo harán.
Disfrütenlo, perros. Sean testigos del podër de la existencia acumuläda.
Supongo que viví una vida fructífera.
Si así lo quieres. Los húmedos sótanos de las embajadas están llenos de restos de viejos atletas de segunda categoría. Te esperan con aplausos y alfombras rojas.
Almas olvidadas que padecen fascitis plantar y ya.
Lo llevas dentro. Eres una corredora ultraligera, una maestra de los kilómetros, un ser hecho para marcarle el ritmo a todos los demás.
No sé cuántas vueltas más pueda dar.
El ritmo de tu sombra solo es un patrón más del cual liberarse. Déjalos que griten "¡FALTA! Salió antes de tiempo". Déjalos que se pregunten, atónitos, "¿Alguien oyó el disparo de salida?".
¿Por qué vitorean tanto?
No veo nada.
Por supuesto que tú no ves nada. Son entes imaginarios, hasta que se vuelven reales. Muy reales.