Rama
Rama
Unas florecitas blancas se abren poco a poco en cuanto sienten los rayos del sol. Unas cositas tan pálidas y frágiles.
Una fragancia delicada se eleva desde el arbusto: jazmín.
La única planta que florece al amanecer... la mayor parte del día, los edificios cercanos le bloquean la luz.
Rama
Huele las flores.
Rama
Rama
Rama
Inhalas el aroma a jazmín y aire frío, tan suave y frágil como la esperanza.
Cuando eras muy pequeña, había una planta de jazmín al otro lado de la barda de tu vecino. Una mañana de otoño, supiste que se podía preparar en té, así que tomaste una flor y te la llevaste a la boca.
Sabía a perfume... floral y amargo. El sabor se te quedó en la lengua todo el día.
Parpadeas. Ya pasó una hora. La luz del sol ya también se está yendo.
Rama
Rama
Rama
Fin de esta rama
Rama
Inhalas profundamente, tratando de balancear el aroma en la parte posterior de tu lengua.
Podrías armar una guirnalda de estas florecitas blancas y ponértela en la cabeza. Así, dejarías un sendero de perfume a tu paso.
Sería una mejora significativa respecto de tu aroma actual.
Soy una operaria canosa al límite de mis capacidades. No me detengo en tonterías.
Repentinamente, te asalta una imagen mental de tu ceño cansado, coronado con un aro de flores colgantes y mosquitas de la fruta.
Repulsivo. Pero, igual, relajante.
A pesar de tus esfuerzos, el perfume comienza a difuminarse, apagado por los aromas de ropa sucia, diésel, pan tostado quemado y composta.
Rama
Rama
Se vería bien. Me pregunto si a Melita le gustará el olor a jazmín...
Podrías aplastar una ramita entre las páginas de tu informe. Se secaría mientras vas de camino a verla y, más tarde, lo dejarías caer en su escritorio en Kohila.
Olor a ti, para ella.
Así, cuando te manden al otro mundo, tendrá que dedicar el resto de su vida a evitar encuentros con el perfume, como las salas de té y los jardines comunitarios.
A pesar de tus esfuerzos, el perfume comienza a difuminarse, apagado por los aromas de ropa sucia, diésel, pan tostado quemado y composta.
Rama
Rama
Rama
En algún lugar, muy en lo profundo, se enciende un recuerdo:
Un suburbio en Almina al-Azraq. Arbustos verdes hasta las rodillas, abundantes en aquellas planicies. Unos chicos traen unas redes para recolectar flores blancas entre las hojas, pellizcando justo por debajo de cada botón.
El aroma es alucinante, abrumador.
Hasta un 75 % del jazmín comercial del mundo se produce en estos vastos campos. Desde que cumplen unos cinco años de edad, muchos niños ya trabajan junto con sus padres, limpiándose el polen y los pesticidas de las mejillas.
No es tu recuerdo. Exhala... deja ir el pensamiento desde tu interior.
Rama
Rama
Una pata trasera canina, embarrada de lodo, se alza del suelo y el animal orina encima de una cama mullida de plantitas. Parpadeas... la peste a orina te golpea en la cara, te amarga el sabor y te saca bruscamente del plácido sueño en el que te habías hundido.
Rama
Esta vez, tu enfoque será diferente... en vez de inhalar muy hondo una sola vez, harás una serie de inhalaciones más cortas pero intensas.
Una técnica canina avanzada.
No hace que el aroma se quede en ti por más tiempo, pero al menos se combina placenteramente con el ozono en el aire, produciendo un efecto frío al interior de tu nariz.
Rama
Rama
Rama
Inhalas, saboreando el momento, y sientes que tus hombros se caen relajados.
Rama
Rama
Rama
El aroma sigue ahí, pero el momento ya pasó.
Volverán a abrirse mañana en la mañana, siempre y cuando salga el sol.
Huelen tan rico... tal vez me ayude a relajarme un poco.
No tengo tiempo para sentarme a oler unas flores. [Te vas].
El aroma se queda en la esquina de la calle a tus espaldas.
El jazmín está floreciendo otra vez.