Rama
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No hay nada más que ver por aquí.
Rama
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Fin de esta rama
Rama 4El jardinero encontrará el cuerpo. Una mano enguantada borrará cualquier registro de su reporte a las…Tu sombra se desprende de su cuerpo destruido mientras te alejas de la puerta.Te alejas de la cabaña. La cuerda cruje, más fuerte.Al alejarte de la oscura abertura, un inexplicable escalofrío te recorre la espina dorsal.
El jardinero encontrará el cuerpo. Una mano enguantada borrará cualquier registro de su reporte a las autoridades.
Rama
El cuerpo de Ignatz sigue inmóvil. La sangre corre en pequeños riachuelos entre sus pies.
Rama
Rama
¿Por qué me detuve?
Estás percibiendo algo. Un exceso de quietud.
Un olor por debajo del umbral perceptivo, algo que el animal que hay en tu cuerpo puede oler aunque tú no.
En la oscuridad de la cabaña, algo cruje débilmente... Nervios.
Rama
¿Qué estoy percibiendo?
Una muerte fatal.
Rama
Un crujido...
Cuerda.
Rama
¿A qué huele?
No es putrefacción, ni olor corporal, tampoco excremento y, sin embargo... huele a todo eso.
Algo como tú, pero diferente a ti. Algo que se transformó.
Respira hondo.
Tus pulmones intentan entrar en pánico, pero los controlas.
Como peces que saltan aterrorizados de una pecera al ver en su interior los restos pulverizados de sus congéneres.
Rama
Con olerlo una vez fue suficiente.
Ya lo sabes.
¿Qué hay ahí? (Continúas).
Un cuerpo.
¿El cuerpo de quién?
Rama
Una solitaria cabaña en lo alto de la ciudad, con la puerta rota. Un gato blanco deja huellas de sangre en la tierra...
Ignatz.
Tristeza abrumadora.
Rama
No puedes decirlo.
Rama
Es Ignatz. El Ojo Lacrimoso no lo iba a dejar vivir.
Ahórrate la imagen.
¿Cuál es el problema, no puedes soportar una pequeña "muerte fea"? Mira adentro.
¿Qué dejó las huellas?
Ves a un gato blanco gigante que te resulta familiar, descansando sobre el pasto.
Rama
Revisa el contenido.
Te acercas a la abertura de quince centímetros entre la puerta y el marco, bloqueando la luz.
Tu mirada se hunde en la negrura, aún más inescrutable por la falta de luz exterior. Poco a poco, los contornos comienzan a aparecer.
Rama
La poca luz que entra en la cabaña brilla sobre las superficies húmedas nunca antes expuestas al aire.
Pequeños crujidos al balancearse.
Mira hacia otro lado, tranquilízate.
Tus intentos de respirar se convierten en una meditación sobre el cuerpo destrozado, y una oleada de náuseas se apodera de ti.
La sensación desaparece, sustituida por una dolorosa ligereza. Como el momento previo a una caída.
La Manus Fati con el dedo en pausa, solo por ti.
Rama
¿Por qué te haces esto? Sabes quién es.
Tengo que estar segura. (Examinas la imagen más de cerca).
Piel lacerada y músculos en carne viva. Los detalles emergen lentamente a medida que tu mente descifra la imagen.
Le gotea sangre de la boca al ojo.
Parches de tela naranja, un sombrero arrugado en la esquina más lejana.
Rama
Ignatz...
El Ojo Lacrimoso ató un cabo suelto.
Rama
Sabías que vendría aquí. Podría haber tomado esa última copa.
Rama
Espera, el moribundo...
Se veía tan tranquilo.
La deconstrucción de Ignatz fue un placer para él.
Rama
Soy una maldición humana... aquí hay alguien más a quien defraudé.
En épocas más primitivas, se protegerían de ti con hechizos y rituales.
Tu sombra se desprende de su cuerpo destruido mientras te alejas de la puerta.
Ignatz planeó su propia muerte.
La coartada perfecta. Se fue hace tiempo... y con él, los secretos.
Siempre fue un novato.
Debí espiar más.
Buen viaje, Ignatz.
Rama
Habría sido razonable brindar por el oficio.
Rama
Debiste darle ese trago al gato.
Rama
Podría haberme tomado ese trago con él...
Pobre tipo.
Tu subconsciente lo reconoce unos segundos antes que tu consciente.
Ignatz.
Pobre tipo...
El color inconfundible del abrigo hace que aparezca una cara en tu mente.
Lo reconoces.
Me largo. [Te vas].
Te alejas de la cabaña. La cuerda cruje, más fuerte.
Examina la imagen más de cerca.
Al menos no soy yo.
Podrías ser. Muy poca gente sabe cómo va a morir. Podría ser que cada segundo que vives te acerque más a esto.
Es difícil distinguirlo. Al principio, por la oscuridad, después, cuando tus ojos se adaptan...
... ¿Una persona?
Reducida a otra cosa.
Vísceras.
La forma humana, remodelada.
La verdad, no quiero estar aquí. [Te vas].
Al alejarte de la oscura abertura, un inexplicable escalofrío te recorre la espina dorsal.
Unos pasos antes de llegar al umbral, ves huellas rojas en el pasto enredado.
Sangre. Fresca. Detente.
Levantas el pie.